Nace el arcoiris despues de la tempestad
Existía la posibilidad de derrotar democráticamente a la dictadura a través del plebiscito, había que decirle No a Pinochet y a todo lo que el representaba, pero antes había que inscribirse en los registros electorales, era de suma trascendencia aquel paso para lo que vendría luego, el Senador Socialista Ricardo Núñez señalaba en aquel año que “con un ejercito de siete millones de inscritos derrotamos a Pinochet”. Pero había un comprensible temor en la gente, incertidumbre sobre lo que podría venir, aún había un poco de miedo al salir a las calles, pero se logró. Recuerdo, con infantiles 8 años, que la campaña del No fue muy bonita, hermosa, emocionante, la franja televisiva fue espectacular, la política se tomo los espacios públicos, las plazas, la ciudadanía quería ser protagonista de este trascendental momento histórico, recuerdo a mi padre, profesor rural desde los años 60, salir desde la casa en una bicicleta mini azul con parrilla, con una chapita del No en el pecho a recorrer las calles de mi pueblo, Molina. La alegría estaba en las manos de la gente, nacería el arcoiris después de la tempestad, florecería nuestra manera de pensar. El Senador Socialista Jaime Gazmuri recuerda que “cientos de miles de personas de toda condición, con alegría y con rabia en las consignas y los gritos, con miles de abrazos espontaneos de la gente que se reencontraba… …antiguos y nuevos compañeros. No se si se podría decir que se trataba de las grandes alamedas que profetizó Allende en su ultima alocución radial, pero se parecía bastante”.
Después de casi 20 años los ciudadanos concurrían a las urnas, las garantías eran mínimas, todo el sistema electoral estaba controlado por la dictadura, pero aquel día era especial, todos estaban expectantes, la emoción fluía en cada uno de aquellos chilenos que habían luchado tantos años para recuperar la Democracia, muchos aquel día se levantaron temprano, besaron a sus hijos y se dirigieron caminando a los recintos de votación, un nuevo amanecer los acompañaba, mientras caminaban recordaban las penas de todos esos años, a los amigos que ya no estaban, todos aquellos momentos en que hubo que agachar la cabeza, la conciencia estaba limpia, ese día todos esos sufrimientos y todas esas luchas cobraban pleno sentido.
Luego de un tenso día lo ultimo que se pierde es la esperanza, al caer la noche la esperanza se mezcla con temor, luego, lo impensable, gana el No, la alegría se desborda, pero es auténtica e inocente, dijeran lo que dijeran comenzábamos a ser libres de pensar, era la hora en que se había ganado la libertad, comenzábamos a pensar en el futuro un Chile para todos, habíamos dicho que No. Carlos González Cruchaga, Obispo emérito de Talca recuerda que “una de las cosas mas hermosas para mi esos años, el momento mas gratificante, es cuando gana el No”.
Unos pocos cautos mantendrían la calma, pero muchos sentían que se podía empezar a construir un Chile para todos, más justo y fraterno. Las esperanzas se irían diluyendo con el tiempo, pero eso ya es parte de otra historia, el 5 de octubre de 1988 pasaría a formar parte de la nostalgia de aquellos que siguieron construyendo y esperando la anhelada alegría.
Puedo decir, con plena convicción y mirando retrospectivamente, que con mis humildes 8 años me sentía parte de algo grande, parte de una lucha colectiva que tenia sentido, de algo que trascendía, creo que con la elección de Ricardo Lagos fue algo parecido, pero no fue lo mismo, ahora participo en política activamente, pero esa emoción que provoca el hecho de sentirte parte de un proyecto político colectivo que otorgue sentido y trascienda mas allá no lo he vuelto a sentir, espero aún podamos construirlo.
